Finalmente cuando llegan a debutar, ya sea en un grupo o como solistas, las dificultades no acaban y su vida se vuelve aún más complicada, en primera instancia, no todos los artistas logran posicionarse de buena manera en la industria, ya que puede debutar desde un grupo hasta varios en el mismo mes, lo cual convierte al mercado en uno sumamente competitivo, y se requiere de un excelente diferenciador para poder convertirse en artistas influyentes internacionalmente.
Se podría decir que los idols del k-pop son literalmente productos de sus empresas, las cuales los tratan como marionetas y solo les importa expandirse y vender cada vez más, sin preocuparse nada por la salud física y mental de sus artistas, la industria del k-pop entrena a los idols para que sean y se comporten como robots, les asignan una personalidad que tienen que seguir, les dicen cómo tienen que ser físicamente, qué tienen que hacer y qué no hacer.
Se exige a los idols que sean como máquinas totalmente perfectas y sin errores, prácticamente inhumanas, cuando, evidentemente, no lo son, son humanos como todos nosotros, en cierto modo parece que las empresas del k-pop no venden la música, sino a la persona.

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