“Belleza superior” es como la industria del entretenimiento coreano describía a Sulli, uno de sus “productos” más preciados que debutó como cantante a los 15 años junto al grupo femenino f(x). Entonces, su mayor talento era su apariencia, su actitud pasiva, casi infantil y reservada, personificando el estándar de lo que debía ser un idol. Hasta que la fantasía terminó cuando decidió cuestionar activamente a la maquinaria que la creó, alzando la voz sobre la salud mental, el ciberacoso y el derecho de las mujeres; una rebeldía que no le perdonarían jamás ni sus colegas y mucho menos el público, convirtiéndola en blanco de críticas e insultos que debió enfrentar hasta el 14 de octubre de 2019, fecha en la que falleció por suicidio.
También, flexiona cómo su físico se convirtió en una carga, centrando toda su existencia en la superficialidad. “Creo que siempre me sentí obligada a la idea de ser bonita”, enfatiza, además, responde cuestiones acerca del feminismo, su decisión de no usar sujetador (brasier) en público y hablar sobre su vida amorosa abiertamente, algo inusual entre los artistas, lo cual germinó una ola de acoso en línea, Sulli no solo es un tributo, sino también una exploración de las presiones y desafíos que enfrentan las estrellas del k-pop.
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“Desde mi punto de vista, la gente no ve a los famosos como seres humanos. Cuando entré en el sector, lo que más oía como idol era: ‘Eres un producto y existes para darle la mejor calidad a la gente” |

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